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¿Há vivido usted antes de ahora?

Por encima de todo espiritu dogmatico, fuerza es convenir, efectivamente, en que la hipótesis de las vidas anteriores responde al ferviente anhelo de justicia, innato en el corazón del hombre.


¿VIDAS ANTERIORES? 


Mario Roso de Luna 

  “¿Há vivido usted antes de ahora?” – Tal es – dice el “Dail Mail”, de Londres, el titulo de un notable articulo de lady Auriol Horne, con el cual abre concurso el conocido semanario “Weekley Dispatch”, ofreciendo un premio al mejor trabajo sobre el eterno tema de “La vida después de la muerte”, o sea sobre la reencarnacion, doctrina universal en las religiones, incluso en la cristiana, si se saben leer entre lineas los textos evangélicos, porque nada más lógico que haya una eternidad pasada, si hay, como dicen, una eternidad futura. 

Por encima de todo espiritu dogmatico, fuerza es convenir, efectivamente, en que la hipótesis de las vidas anteriores responde al ferviente anhelo de justicia, innato en el corazón del hombre.

Quien nace en familia de desheredados e de criminales, ciego, tonto o con otras taras heriditarias, ¿cómo no quejarse a Dios o a la fatalidad de la injusticia de su nascimiento, injusticia que con perfecta salud, colocara a otros en hogares superiores, en un medio ambiente más apto para todo progreso y felicidad?

El rugido de fiera de la siempre pavorosa cuestión social no tiene, sin duda, otra causa que esas nativas desigualdades, que aluden, mas que a un pecado original comun a todos, a un “pecato de origen e vida anterior de cada cual”, y con las que venimos a un mundo que ha de hablarnos pomposamente luego de igualdad ante la ley; una igualdad de desiguales, desde que aqui venimos! Si Dios es el Padre amante del que nos habla San Mateo, ¿qué padre es éste, que tan desigualmente ha repartido entre sus inocentes hijos la herencia de la vida?

El camino recto hacia la blasfemia queda abierto asi...

Tal vez por ello, Origenes, Testuliano, otros doctores cristianos primitivos fueron partidarios de unas “vidas anteriores”, de las que la presente, con sus cualidades o sus taras, fuese el premio o el castigo. 

Asi, en la vida evolutiva de la gran “selva” humana, todos los humanos arboles serian de la misma especie; pero los unos, las almas jóvenes o com pocas existencias prévias, no pueden dar frutos de bien por falta de experiencias, que otras almas “mas viejas” vienen atesorando en gran numero, a fuerza de caidas y de dolores.

Aquéllas, como los niños abandonados a si mismos, no pueden hacer sino el mal, que es un bien imperfecto. Estas, en cambio, conocedoras ya de que todo mal tiene su sanción un una u otra vida (Karma o retribuición de la Ley natural), no pueden sino hacer el bien, que experimentalmente es ya consustancial con su naturaleza.

Quien antaño se suicidó, hoy soportará, heroico, contrariedades que en vida anterior le arrastrasen a da fatal locura, pues alguien definió harto bien a la experiencia como “una panoplia formada por todas las armas que nos han herido”.

El vicioso de otra vida será santo en la actual, cosa muy lógica cuando aun en el lapso de una misma vida grandes pecadores, como la Magdalena o San Agustin, legaron a ser santos.

¿Cómo pedir a la encinita de tres años el fruto que a la corpulenta de tres siglos? Dios es justo; no da a nadie, sino que deja conquistar, como sucedia con aquel gitano que oraba, no porque se le diese nada, sino porque se le pusiera donde lo hubiese, para que “lo afanase” él. Hay que convenir en la lógica abrumadora de todo esto.

Pero el sentido común, que de momento no presenta repugnancia y si asentimiento hacia la teoria dela reencarnación, tan elementalmente expuesta, llega a um momento luego en que se alza severo contra tal idea. ¿Por qué, si hemos vivido otras veces, no lo recordamos?, dice: ¿Por qué, entonces, nacemos unas veces con un sexo y otras con otro? La malicia farisea también propuso a Jesús el caso del marido sucesivo de siete mujeres, preguntando le de cual de las siete seria el verdadero esposo en el cielo, o sea, en una vida ulterior, a lo que el Maestro divino replicó, haciendo la misma alusion a los “misterios del reino de Dios”, misterios esotéricos o para los pocos, de que en ocasión análoga habla el capitulo XIII, versiculos 11 al 13 del Evangelio de San Matéo.

La reencarnación era el primero de aquellos misterios, porque, en efecto, según ella sea interpretado, puede conducir lo mismo a una sublime verdad que a un ridiculo peligroso. Peligroso, si, porque con el eterno problema del sexo por medio, puede llevarnos la doctrina a lo de las “damas y caballeros” de antaño, en la que una era la mujer propia y otra “la dama de los pensamientos”, mujer propia quizá en otra vida anterior.

De ello sé varios lamentables casos entre inocentes espiritualistas. La funesta doctrina de las “almas gemelas” que se vienen conociendo y amando a lo largo de múltiples existencias, a la manera de Manon Lescaut y el caballero Des Grieux, y a través de las más novelescas tragicomedias, es formidable escollo contra el que se estrellará siempre la idéa simple de la reencarnación, eso sin contar con las inevitables vanidades de creernos la reencarnación, nunca de criminales, siempre de grandes hombres; asi nosotros, en nuestra ya larga experiencia de filosofia oriental, hemos conocido dos “soidisant” “Cervantes”, tres “Alcibiades”, con sus “Eloisas”, que... ¡válgame Dios! Si puestos forzosamente ante un problema del que el Mundo ya se ha apoderado, sobre todo por el dolor de la siega cruel de miliones de vidas en flor en la gran guerra, hay que decir toda la verdad, no la funesta verdad a medias, siempre peor que la mentira misma.

Para evitar malas compreensiones es por lo que acabó haciéndose secreta antaño la tradicional verdad de que reencarnamos. 

Las lenguas sabias (el latin la ultima) ha diferenciado siempre en el hombre la personalidad inferior de la interna individualidad. El “vos”, que aludo a tal duplicidad, es vieja prueba de elevación e respeto. Aquélla es mera “máscara” o envoltura (“personna” u “personne”), y esta equivale a “apoteosis” de los dos en “uno”, o sea lo que en la doctrina oriental arcaica se denomina “divina Triada”, que preside a cada “cuaternario inferior” u hombre de barro, de pasión, de ideas y sentimientos concretos o egoistas.

La una nace y muere aqui, con un sexo u otro, sin reencarnar jamás, por lo que la persona de don Fulano de Tal, “como tal máscara o envoltura”, ni ha sido nada antes de ahora ni nada será después. No hay para ella “Alcibiades”, ni “Cervantes”, ni “hetairas”, “cardenales” que le justifiquen como “prolongación” ante o “post mortem”. La otra, la Individualidad “superior o Triada”, preside, en cambio, a cada existencia individual, reencarnando, o sea tomando cuerpo o instrumento sucesivo de carne en diversas “personalidades”, las cuales “personas” son, por supuesto, siempre diferentes una de otra, como los números de una misma decena, los dias de un mismo año y los latidos de un mismo corazón.

Por eso, a “cerebros distintos” cada vez, no cabe recordación; pero si cabe la reminiscencia de aquellas abstracciones o cualidades, libradas por la gran “Abeja” de la “Triada” divina en las efimeras flores de las sucesivas personalidades en que reencarnó, y que laten dormidas en nuestro subconsciente, en forma de aptitudes y repugnancias, de virtudes y de vicios. ¿Ejemplos? El jinete que iba reventando sucesivos caballos en las antiguas “sillas de postas”, era siempre el mismo y recorria asi largas distancias; pero los caballos en que sucesivamente iba montando eran distintos unos de otros. Las cuentas de un collar son todas diferentes entre si, y contituyendo, sin embargo, entre todas ellas – gracias al “hilo conector” – el collar mismo, imagen fiel, por cierto, cada cuenta de una rotación o dia de la Tierra, y el collar entero, de su traslación o año. ¡Un eterno anillo, cambiando de “piedra” cada vez!... El Hombre, “la triple maravilla” de Hermes Trimegisto, es “Angel”, “Pensador” y “Restia” en una pieza. Por el Angel es un divino rayo del Logos Demiúgico o Anima-Mundi, que diria Platón, y tan eterno o perdurable como el sistema planetario animado por el Sol, de donde proviene.

Por la centella del Pensamiento que le reviste, es algo amoroso, volitivo e ideico, que reencarna, que enhebra con su hilo de oro y sin sexo vidas sucesivas o seriadas, diversas bestias corpóreas y terrestres, sobre las que toma carne o reencarna, para “desencarnar” después, una y mil veces, en evones incalculables... Alejandre, Cesar, Napoleão, fueron, a no dudario, seres humanos distintos, de distintas epocas; pero su Triada superior, su Tónica unica en el concierto humano, acaso pudo ser la misma a través de sus correspondientes personalidades, y presidir asi las tremendas obras destructoras y reformadas del Karma o misión de cada uno de ellos a lo largo de los tiempos.

Los diferentes personajes de la Historia nacen, viven y mueren como flores de un dia. Sus personas o “máscaras” son distintas; pero presididas a lo largo de sus respectivas vidas de aqui abajo por un Pensamiento coordenador. 

Plutarco, en sus célebres “Vidas paralelas”, acopló por parejas diversos personajes griegos y latinos, dotados de caracteristicas análogas, cosa que podria hacerse con muchos más, sólo recordando los discutidos ciclos de Vico, con los que la Historia parece repetirse, si no en ciclo cerrado, si en vueltas de espiral. Pero el noble discipulo de Platón, a distancia de los siglos, se cuidó muy bien de no decir que los unos fuesen la reencarnación de los otros, como cada escala del piano no es la reencarnación, sino la continuación serial de cuantas le anteceden o le siguen.

Y si grandes seres dicen recordar sus vidas anteriores, ha de entenderse que nunca operaron tales recordaciones con el fisico cerebro, sino con la sublime intuición, que es una de las caracteristicas de la “Triada”.

Cosa notable, por cierto, es el notar que Sanchoniaton y Moisés, Budha, Jesús, Mahoma, San Francisco de Asis y Beethoven, el mártir, aparecen cronológicamente seriados a distancia respectiva de unos seis siglos... Por eso siempre he mirado como algo sacro un reloj.

Hay en el siempre un volante o péndulo, vital corazón del artefacto, que marca los segundos con sus latidos. Cada latido es como un acto o un pensamiento nuestro, que hace avanzar en el reloj un diante a la rueda de los segundos. El giro entero de esta rueda es un minuto, es decir, un avance o diente de los sessenta de esta última rueda, con lo que la correspondiente de las horas avanza un lugar, luego otro y otro, hasta las venticuatro del dia. Relojes complicadisimos hemos conocido, que marcan los dias, los meses, los años y podiam marcar, si se quisiesen, los siglos, los milenios, los yugas, los evones, las eternidades..., porque “eternidade” no significa “siempre”, en hebreo, sino un largo tiempo, cuya indefinida duración escapa a la comprensión nuestra. Ahora bien: a través de los diferentes segundos, el minuto “reencarna” o se manifiesta, y asi sucesivamente. Es decir, que asi como en la numeración, a fuerza de unidades, se compone la decena; a fuerza de decenas, las centenas, etcétera, etc., y cada unidad superior se va manifestando a través de las anteriores, nada, en realidad, “reencarna”, sino que da Fuerza Inteligente del Cosmos o Armonia se va manifestando en cada caso concreto y adquiriendo en él “estudos de conciencia”. Nuestra vida sobre la Tierra no es, pues, sino uno de los infinitos estados de conciencia fisica, de un algo superior, celeste, angélico transcendente, Mistico, razón por la cual se ha repetido en Oriente que la doctrina de los que creen que mientras el hombre se desarrolla aqui abajo, su alma está en las estrellas o “ciclos”, es una doctrina eminentemente ocultista. 

La Bestia vive en su carne; el Pensador, en su Pensamiento, y el angélico “Augoeides”, en supremas esferas, donde todo es amor, armonia, verdad y orden. Todo cuanto por divino reputamos aqui abajo, ya que el Hombre con mayúscula, es de divina estirpe, según Pitágoras, David y demás iniciados en los misticos secretos de los Cielos y la Tierra. 

 

 

© Sociedade Brasileira de Eubiose ®

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Publicado en Dhârânâ N º 29

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"En los números, en los sonidos y en los colores están contenidos todos los mistérios de la manifestación." - Prof. Henrique José de Souza
"La adquisición de la verdad es el más elevado de los ideales humanos." Prof. Henrique José de Souza 
"Grande es aquel que desea instruirse, sin embargo, mucho mayor es el que ofrece sus conociemintos a los demás." - Prof. Henrique José de Souza 
"El amor verdadero jamás se cansa de propagar el bien donde se haga necesario." - Prof. Henrique José de Souza 
"No se es el primero, tampoco el último." Prof. Henrique José de Souza 
"Me encuentro delante de un altar. Encima está el Supremo Arquitecto. Abajo la humanidad. Para adorar al primero es necesario servir a la segunda." Prof. henrique José de Souza
"No se enseña o se inicia a alguien comenzando por el fin, y si como su nombre lo dice por el comienzo." - Prof. Henrique José de Souza
"La malicia es la creadora de la censura." - Prof. Henrique José de Souza 
"El hombre trae en sí mismo el dínamo generador de sus dolores y alegrias: la mente." Prof. Henrique José de Souza
"La verdad no sería reconocida si no existiese la mentira, ni el amor sin la manifestación del ódio." - Prof. Henrique José de Souza 
"Un verdadero iniciado en los grandes mistérios de la vida no interpreta las cosas através de las letras que matan, y si, del espíritu que vivifica." - Prof. Henrique José de Souza
"La mejor manera de comportarse en la vida no es preocupándose con el bien o con el mal, sino con el deber, pues aquel que permanece en este no tiene tiempo para ambas cosas." - Prof. Henrique José de Souza
"La humanidad es infeliz por haber hecho del trabajo un sacrifício y del amor un pecado." - Prof. Henrique José de Souza
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"La evolución humana jamás se haría si el verbo se manifestase profiriendo siempre las mismas palabras." Prof. Henrique José de Souza
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"Quien sepa colocar su inteligência al lado del corazón, alcanzará en la tierra las mayores alturas." Prof. Henrique José de Souza 

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